¿Por qué Mallorca?
Empezar por lo que tienes más cerca es lo más práctico. Tenemos que salvaguardar Mallorca asumiendo nuestra responsabilidad por el cambio climático/caos. Cuando hacemos esto, no sólo creamos un futuro mejor para las próximas generaciones, sino que también nos constituimos en un ejemplo a seguir para los demás. Algunas islas ya han iniciado este proceso que aquí sugerimos (ver www.erec.org/projects /finalised-projects/european-re-islands.html o www.europeanislands.net).
Mallorca es un lugar ideal donde la transición hacia la autosuficiencia energética se beneficia del clima mediterráneo. La cantidad de horas de insolación convierte a las instalaciones de energía solar una fuente evidente de energía limpia.
La salud de Mallorca es vulnerable al cambio climático. Su principal fuente de ingresos está basada en el turismo, el cual depende de la belleza natural de la isla, cuyos principales atractivos son las playas, puertos y hoteles con vistas al mar. Cuando sube el nivel del mar, se pierden las playas y catástrofes naturales como las tormentas, tornados y lluvias fuertes se hacen más y más frecuentes, con consecuencias que afectarán duramente al sector turístico.
El turismo de masas ha de pertenecer al pasado, agota los recursos de la isla. El turismo ecológico está ganando adeptos y podría ser muy adecuado para Mallorca. Las personas con consciencia ecológica constituyen un grupo importante, que busca destinos vacacionales que ofrezcan belleza paisajística y medioambientes protegidos.
Los hoteles pueden transformarse en apartamentos de alquiler para residentes locales o extranjeros que deseen permanecer en ellos por temporadas más largas.
La industria local debe diversificarse. Las industrias ecológicas se sienten atraídas por los lugares en los que se promueve el pensamiento visionario y avanzado. El turismo de masas no es un negocio sostenible en Mallorca.
El tamaño de esta isla hace que un proyecto verde sea factible. La isla en su totalidad podría convertirse en un modelo de sostenibilidad, combinado con el objetivo de conseguir hacer de la isla una región libre de emisiones de combustibles fósiles. Está creciendo entre los residentes la preocupación sobre como proteger y salvaguardar Mallorca para las futuras generaciones. Hay que enfrentarse al problema. Esta isla es similar a un micro-continente, con una gran biodiversidad: cordilleras, costa, playas, sabana, bosques, huertos y planicies agrícolas. Hay muchas especies de flora endémicas de la isla. La riqueza natural de Mallorca es incuestionable. Vale la pena protegerla.
Los huertos, olivares y terrenos agrícolas no sólo contribuyen a mantener la riqueza de este extraordinario paisaje, sino que constituyen también una pieza clave para la autosuficiencia. Una Mallorca sostenible tiene que depender menos de los productos importados y conseguir la autonomía en la producción de alimentos. Si queremos reducir nuestras emisiones, tenemos que consumir menos alimentos importados desde lugares lejanos.
La agricultura ecológica tiene una larga historia en Mallorca. Es todavía parte de los conocimientos y tradiciones heredados por los agricultores. La tierra de Mallorca es muy fértil en algunas áreas. Hay que protegerla, alimentarla, apreciarla y utilizarla para incrementar su producción de alimentos saludables. En las condiciones actuales, los agricultores están abandonando sus terrenos porque no consiguen extraerles un beneficio económico.
Las cadenas alimenticias como Mercadona, Eroski o Carrefour deben mostrar más solidaridad con la venta de productos locales. Como condición para la concesión de licencias, se debe exigir que promocionen y vendan productos locales.
Ser autosuficientes, cultivando nuestros propios alimentos en el jardín, es muy enriquecedor. Ya en las escuelas se deberían enseñar a los niños técnicas de cultivo ecológico.
El Gobierno podría alquilar terrenos a aquellos que deseen cultivarlos. Recuperar nuestra biodiversidad es importante, así como salvaguardar las semillas locales y proteger a la isla de los cultivos transgénicos.
El mar que nos rodea está amenazado por las cantidades ingentes de basura que en él se vierten. Cada año, se recogen toneladas de plásticos. Aguas residuales, más o menos purificadas, se vierten al mar. El tráfico marítimo también contamina. Aunque nuestra situación no es tan terrible como en otras regiones, tenemos que estimular a la gente a ser más responsables y denunciar las infracciones. No se debería tolerar, en el siglo XXI, que se viertan aguas residuales directamente al mar.
Por otra parte, el agua dulce no es abundante. Debemos reutilizar las "aguas grises" y reparar todas las canalizaciones estropeadas. Se estima que entre el 25% y el 40% de nuestra agua potable se pierde a causa de canalizaciones rotas.
Nuestros recursos pesqueros están relativamente en buen estado. Nuestra pequeña flota pesquera nos proporciona pescado de calidad excelente y emblemático (las reservas de llampuga, pampol y verderol se mantienen en buen estado). Pongamos en nuestra mesa pescado fresco en lugar de congelado y transportado desde mares lejanos, lo que contribuye a las emisiones de gases de invernadero. Seamos generosos con el futuro. Los peces también tienen derecho a vivir y reproducirse.
Hay mucho que cambiar, y el primer objetivo es cambiarnos a nosotros mismos. Si nos falta consciencia del problema o falla nuestra visión holística, nuestra generosidad y respeto, no podremos llevar a cabo esta transición.
Aunque sea por puras razones egoístas, si no se encuentran suficientes motivos altruísticos, es hora de cambiar.
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